Música en el Balcón, una experiencia de comunidad en tiempos de individualismo
Fenómeno barrial
- “Sabes lo que más me gusta de todo esto, es la gente, la gente en la calle, compartiendo, como cuando era chica y jugaba en la calle”
- “Sí Ma, volver a la idea de algo en comunidad”.
Era la primera vez que llevaba a mi madre a ver Música en el Balcón, una movida contracultural organizada por un grupo de músicos de jazz que consiste en dar un show de una hora a los vecinos del barrio de manera gratuita, por el simple hecho de compartir. Contracultural, sí. Porque surge sin fines de lucro, por la amistad que los une, el amor a la música y al barrio, el mismo amor de los dueños del balcón, amigos y artistas talentosos del conurbano sur que tuvieron esta idea de empezar a tocar para los vecinos, romper las burbujas digitales en las que vivimos y fomentar un encuentro real con la comunidad de su barrio, Temperley, provincia de Buenos Aires.
imaginación, necesidad de hacer y compartir
Música en el Balcón surge a fines de 2023, las temperaturas elevándose y los encuentros entre amigos fueron el escenario para la gesta de esta movida, convocada por los dueños del balcón Carla Mariel Castro (fotógrafa y productora) y Francisco Orozco (músico saxofonista y docente), quienes querían compartir lo que pasaba dentro de su casa con el barrio y disponían de la imaginación necesaria para transformar su balcón en un escenario.
Ph: Cara Castro (@laforma.delmar)
En un contexto difícil para la actividad cultural por la incertidumbre económica y política de aquel cambio de gestión, la propuesta fue rápidamente convalidada y se realizó la primera fecha 4 de enero de 2024, anunciada solamente con carteles en el barrio, y presentada por 5 músicos. Ese jueves caluroso de enero éramos entre 10/15 personas, la mayoría amigos y familia, que fuimos a bancar su propuesta y a compartir. Cuando Fran y Carla vieron que estábamos ocupando espacio en las veredas, decidieron posteriormente conversar con sus vecinos cara a cara, para contarles la idea y preguntarles si estaban de acuerdo. Con su aval y las precauciones necesarias para no “molestar” demasiado (acotar el show a una hora y mantener limpio el barrio), se siguió convocando cada 15 días.
Música en el Balcón se transformó en un punto de encuentro obligatorio para amigos y familia, y poco a poco empezamos a notar como se sumaba más gente: vecinos, más amigos de los músicos, amigos de amigos; así como también se fueron sumando más artistas al “Balcony Club”, llegando hoy en día a 11 músicos (2 baterías, 2 saxos, 1 trompeta, 2 bajos, 2 guitarras y 2 cantantes, más algunos invitados por fecha).
Este crecimiento atrajo la atención del medio local Diario Conurbano, quienes publicaron una nota el 24 de marzo de 2024 que se volvió viral. Desde entonces aparecieron notas en otros medios locales (La unión, Somos Sur, Cultura Lomas Radio, Diario Brown) así como también de alcance nacional como TN, Radio Metro, Radio Nacional. Además, la difusión de los encuentros se canaliza por su nueva cuenta de Instagram (@musicabalcon) y la incipiente comunidad creada a su alrededor que se encarga de ampliar su alcance.
Por respeto a los vecinos y para una mejor organización los encuentros se volvieron mensuales; la cantidad de gente que acudía ya no entraba en las veredas frente al famoso balcón y se volvió necesario cortar la calle. Si bien este primer corte fue autogestionado por organizadores y amigos, luego de la convocatoria recibida por la municipalidad de Lomas de Zamora, pasó el municipio a encargarse del corte para mayor seguridad.
Un evento de estas características puede llegar a generar incomodidades, que si bien las hubo (más que nada en redes sociales donde criticar y no dar la cara es una práctica habitual), los organizadores siempre mantienen el diálogo con los vecinos para no generar demasiados inconvenientes (avisando de la fecha antes, colocando carteles y escuchando críticas respetuosas para mejorar).
En la edición aniversario, realizada el pasado 15 de febrero, fuimos nuevamente con mi madre (ya habitué), mi hermana, su amiga y mi tía. La cantidad de gente superó todas las ediciones: estaban en la calle, las veredas y esquinas cercanas, incluso detrás del corte de la municipalidad. Ese día tomando mates con amigos y familia de Carla, viendo a los niños jugar en la calle, a otros amigos con su habitual heladerita en su lugar de la esquina, a mi madre charlando con mi tía entre reposeras, realmente me trasladé a la época donde ella era chica y jugaba en un pasaje cerca de las grandes fábricas de Avellaneda, mientras mi abuela charlaba con su tía en la puerta de la casa. ¿Es posible viajar en el tiempo? ¿Es posible volver a ser parte de algo más allá de nosotros sin otro interés que compartir?
Ph: Cara Castro (@laforma.delmar)
una experiencia de comunidad
Ya a principios de los 2000s Zygmunt Bauman planteaba que la comunidad representaba “un paraíso perdido al que deseamos con todas nuestras fuerzas volver, por lo que buscamos febrilmente todos los caminos que puedan llevarnos allí” (Bauman, 2003:9). Vivimos en un mundo incierto, volátil, competitivo, donde todo es “bait” y nada parece sostenerse, generando una sensación de inseguridad constante y depositando toda responsabilidad en los individuos. Todo fracaso/desafío/triunfo es un logro personal e inconexo con el medio social en el que se vive, generando una población con altos niveles de ansiedad y depresión. Esta situación se potenció con la pandemia y los avances tecnológicos, hoy nuestras principales interacciones se basan en reacciones, likes, retweets; vivimos en nuestras comunidades virtuales algorítmicamente diseñadas para autoafirmarnos, dejando poco margen para la diferencia y los encuentros.
Sin embargo, siguen existiendo instancias como Música en el Balcón que nos brindan una experiencia de comunidad, una posibilidad de participar de un momento musical, donde se cruzan diferentes generaciones, motivos, charlas, en el marco del respeto y cuidado mutuo. Si bien la comunidad que se crea con el público en cada fecha podría considerarse en los términos de Bauman como una comunidad estética o percha (Bauman, 2003), por la naturaleza episódica y superficial de los vínculos que allí se conforman, nos muestra una necesidad de volver a generar encuentros reales y ocupar espacios en nuestros territorios cotidianos. Se trata de poder construir ambientes seguros donde podamos compartir con amigos, familia, vecinos y desconocidos, donde las niñeces puedan interactuar libremente y sin miedos en la calle con otros.
Siguiendo los análisis de Frith (2014), sociólogo y crítico de rock, qué mejor medio para generar comunidad que la música, una experiencia estética performativa cuyo significado se construye socialmente a través de la experiencia corporal, tanto sea en su creación como su audición. Este grupo de artistas tomaron un género musical que podríamos catalogar de “no popular” y lo sometieron a la escucha colectiva del barrio, donde cada vecino pudo hacer su propia experiencia, aun teniendo en cuenta las condiciones sociales que determinan sus gustos (Bourdieu, 2012 [1988]), se abrieron su escucha activa y atenta, compartiendo con otros las emociones que la música genera y conectando con el momento presente. El ritual que genera Música en el Balcón construye identidad en los términos de este autor, ya que sus experiencias a través del cuerpo, el tiempo y la sociabilidad permiten ocupar un lugar dentro de una narrativa cultural imaginaria que podríamos definir como la comunidad barrial.
Teniendo en cuenta la falta de garantías de derechos, el debilitamiento de las democracias, la polarización y la escalada de violencia que vivimos no solo en nuestro país sino en el mundo actual, hallar un espacio de encuentro seguro, libre y cuidado es un halo de luz en medio del aislamiento cotidiano al que nos tiene acostumbrado esta nueva etapa del capitalismo. ¿Será que la salida a tanta incertidumbre sea volver a lo comunitario, al encuentro con otra persona en cuerpo presente? Según Bauman (2003), la comunidad real sólo sería posible en tanto atienda y se responsabilice por la igualdad de derechos y oportunidades de los seres humanos. Si bien esto parece ser muy lejano a nuestra actualidad, este tipo de experiencias colectivas devuelven un poco de fe a quienes sentimos que el individualismo reinante nos apabulló por completo, y nos permiten volver a sentir en el cuerpo que somos parte de algo más allá de nosotros.
Como dijo Fito, hace ya 40 años atrás, ¿Quién dijo que todo está perdido?, Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Bibliografía
Bauman, Z. (2006). Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil (J. Alborés, Trad.). Siglo XXI Editores.
Bourdieu, Pierre (2012 [1988]): “El sentido estético como sentido de la distinción”, y “El espacio social y sus transformaciones”, en La distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Buenos Aires: Taurus. Pp. 63-71, 113-198.
Frith, Simon (2014): “Prólogo del autor a la edición castellana” y “Por qué la música importa”, en Ritos de la interpretación. Sobre el valor de la música popular. Buenos Aires, Paidós. Pp. 19-26, 431-480


Muy lindo todo. Musica en el Balcon, por supuesto, y tambien este Blog. Buen nombre "Pulsar"
ResponderBorrarMuchas gracias Pablo :)
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